27 de julio de 2007

[dos]

Fue un momento ideal para encontrarme con ella, hacía solo pocos días que había tenido el más fructifero de los encuentros conmigo misma, por ende, todas las condiciones estaban dadas.
Ibamos por la calle, migomisma y yo, tranquilas, reconciliadas, con los bríos renovados. Uno de esos días en los que el se combinaba con el frío, y el mundo no se me hacía tan imposible.
Una buena mañana...en fin.
El colectivo, como siempre, tardaba en llegar, eso no cambiaba ni en el mejor de los momentos. Lucrecia estaba ensimismada, en su mundo, fumando un cigarrillo nerviosa, mirando su reloj una y otra vez. Temblaba tanto que estaba segura que en cualquier momento iba a desmayarse, o a partirse en pedazitos como si se tratase de una bola de cristal. Tenía ojeras y sus pupilas no paraban de moverse. [a continuar]

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